Esta etapa trae cambios físicos y psicológicos que generan en el joven contradicciones continuas.
Una de cada cinco personas en el mundo es adolescente, dicen los datos de la Organización Mundial de la Salud. Una persona de cada cinco tiene entre 11 y 19 años y atraviesa esta etapa definitiva que el diccionario define como "la edad que sucede a la niñez y que transcurre desde la pubertad hasta el completo desarrollo del organismo". Pero mucho sucede en ese periodo que va de una etapa a otra.Transformación, preguntas, dudas. La adolescencia es un tiempo en el que todo se vuelca hacia el mundo interior, en busca de formar la identidad. En medio de los cambios físicos -las hormonas están en ebullición, el cuerpo es otro-, la mente también permanece en una especie de revolución. Al salir de este período, se entiende (o por lo menos eso establecen los especialistas) que se ha alcanzado la autonomía psicológica necesaria para vincularse al mundo social. Mientras esto llega, ellos se sienten incomprendidos, y los demás los ven como los rebeldes.
"Yo he llamado a los adolescentes de hoy la generación on-off, la que todo lo prende, la que todo lo apaga, y la que con esa misma rapidez quiere que ocurran las cosas -escribe la psicóloga chilena Pilar Sordo, en su libro No quiero crecer-. Son jóvenes impacientes, que tienen poca tolerancia a la frustración, escasa disciplina, son poco rigurosos y no funcionan sobre la base del rigor, fundamentalmente porque tienen padres que les han facilitado cada vez más las cosas; por lo tanto, ellos terminan careciendo de un temple firme y sólido. Son adolescentes con escasez de sueños". ¿Y dónde están las virtudes?, podría preguntarse cualquiera.
Todo esto se lee mucho mejor si se entiende que los adolescentes son el espejo de la sociedad en la que están creciendo, del medio social al que pertenecen. Un joven que crece hoy afronta dificultades similares a las que vivió un muchacho de hace treinta o cincuenta años, es cierto. Hay características de esta etapa que no van a desaparecer. Entre ellas, un sentimiento de soledad (que puede volverse recurrente y complicado) al enfocarse tanto en sí mismo; cierto tipo de egoísmo, por la misma razón; cambios en las relaciones con los padres, ante quienes impera una actitud de rebeldía y de protesta (en general frente a la autoridad), y una gran empatía e importancia de los pares, es decir, los amigos de la misma edad.
Según describió Ana Freud, la adolescencia es el momento de las contradicciones entre la introversión y la extroversión, la independencia y la dependencia, el fanatismo y la apatía. Otro experto en esta etapa, el psicoanalista Peter Blos, dijo en su libro La transición adolescente: "La creación de un conflicto entre las generaciones y su posterior resolución es la tarea normativa de la adolescencia. Su importancia para la continuidad cultural es evidente. Sin este conflicto no habría reestructuración psíquica adolescente, no habría crecimiento ni maduración".
Aunque hay ciertas características que se repiten de generación en generación, es claro que las condiciones del mundo moderno han hecho que los adolescentes se enfrenten a retos específicos. Sobre todo, los derivados de la tecnología, que tiene tanto de bueno como de riesgoso. Ya es una verdad repetida que los jóvenes de hoy están conectados con el mundo a veces de forma tan virtual, que les cuesta reconocer lo que es real, adolescentes acostumbrados a la velocidad del Internet.
Pilar Sordo también llama a los adolescentes de hoy, "generación banda ancha". "Es la que apunta a la rapidez con la que las cosas tienen que ser vividas, procesadas, cambiadas -escribe la psicóloga chilena-. Se dice que hay que cambiar de pareja rápidamente cuando se acaba una relación, que se tienen que procesar los dolores cuando se viven. (...) Muchos de los comportamientos de los adolescentes están basados en conductas más bien instintivas, "animalescas", ni siquiera emocionales, mucho menos espirituales o con algún sentido".
Los cambios en la estructura familiar han implicado también una modificación de conductas en los adolescentes. La brecha generacional entre padres e hijos, por ejemplo, se ha visto acortada, y esto ha tenido sus efectos. Para los adolescentes, ya no es tan clara esa imagen diferenciada del padre, la madre y, por ende, su autoridad. Hoy es frecuente encontrar inseguridad y dudas entre los padres a la hora de decidir cómo educar a sus hijos, y esto es absorbido por los jóvenes. Hoy, en cambio, no es frecuente compartir una mesa con los padres, conversar sobre algo en común, en familia, simplemente conversar. Están en las habitaciones, casi siempre cerradas y, como dice Sordo, si hay poco espacio en las casas entonces salen a las calles a educarse por sí solos y a correr riesgos en cualquier esquina.
Quizá porque les están llegando las responsabilidades más temprano, puede entenderse el dato que arrojó de un estudio sobre los adolescentes de hoy que los define como los menos rebeldes de la historia. La investigación fue hecha por la firma Lowe Council, titulada Window on teens (Ventana a la adolescencia) y reunió una muestra de jóvenes de veinte ciudades del mundo. Los resultados ratifican esa frontera cada vez menor entre padres e hijos (muchos padres, además, se aferran a seguir siendo adolescentes) y una visión menos rotunda de la rebeldía, precisamente porque no hay una autoridad determinada ante la cual rebelarse. Hay, sin embargo, un entendimiento del mundo que han tenido que vivir los padres; y contrario a lo imaginado, es una generación de adolescentes que cree en el romanticismo, en el amor, en tener hijos y formar familia.
"Hay adolescentes maravillosos, que son muchos, pero que se mantienen en silencio porque no son noticia, porque paradójicamente hacen las cosas bien", dice la autora de No quiero crecer. Y hay más adolescentes haciendo cosas buenas que malas, continúa Sordo. Y tiene razón. No todo va mal, entonces.
De 13 a 15 años "Terremoto", es la palabra que elige la psicóloga chilena Pilar Sordo para hablar de los jóvenes entre estas edades. Y lo explica por la movilización interna que viven. Por un lado, la sociedad empieza a exigirles cosas y, por otro, está en plena ebullición la búsqueda de identidad.
De 15 a 18, en busca de sueños Tienen cerca el desafío de ingresar a una carrera universitaria o técnica, con lo cual empiezan a encaminar su futuro. Más que presión de parte de los padres, necesitan calma y compañía para la toma de decisión del camino a tomar. El otro tema que es importante durante este periodo es la formación de la pareja.
Para dar crédito a los autores aquí esta el vinculo
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