Friday, November 12, 2010

Hacer negocios a la manera mormona

Ya que los negocios o cualesquier otro campo empieza primero con las personas involucradas, para comprender como funcionan los negocios a la manera mormona se requiere echar una mirada al núcleo de los negocios: Hombres de negocios mormones. ¿Qué hace que los hombres de negocios mormones sean como son? ¿Por qué actúan de la manera que lo hacen?
  • Confianza en Público
Los mormones creen que el éxito, en los negocios o en cualquier otro esfuerzo, depende mucho de la preparación. Por algo, los mormones creen que estar bien preparados les da confianza. “Si estáis preparados, no temeréis” reza el lema por el cual rigen sus vidas, aún los negocios.
Capacitar a los Santos para hablar en público con confianza empieza temprano. Es muy común ver a pre-escolares en el podium frente a docenas de personas ofreciendo un pequeño discurso, cantando o actuando de algún otro modo. Ellos aprenden muy temprano a sentirse cómodos con la gente aun en grupos numerosos. Esas oportunidades continúan conforme van creciendo y madurando, por lo que no resulta raro ver a muchos mormones no sólo en negocios sino también desarrollando algún arte y también la política.
  • Educación
La preparación para los hombres de negocios mormones se incrementa al obtener la mayor educación posible. Pero los mormones creen que todos, aun aquellos que piensan en “sólo” quedarse en casa y enseñar a sus niños deberían aprender tanto como puedan. Estadísticamente, los mormones en Utah tienen una alta tasa de diplomas de bachilleres y de títulos en educación superior. Probablemente, debe suceder lo mismo en otros países también. Con el fin de ayudar a los Santos en todo el mundo a tener igualdad de oportunidades de ser productivos y exitosos, la Iglesia ha establecido un Fondo Perpetuo para la Educación, para financiar la capacitación y la educación.
  • Metas
A los mormones se les enseña a orientarse hacia metas. Constantemente tienen metas en sus llamamientos u otras actividades. Muchos jóvenes mormones se convierten en Scouts Águila. El haber aprendido a planificar, organizar, y trabajar para alcanzar sus metas se convierte en una ventaja en el mundo de los negocios. Muchos buenos mormones se convierten en vendedores o dirigen organizaciones de ventas debido a que generalmente son exitosos en alcanzar cuotas.
  • Trabajo en equipo
El trabajo en equipo, otro hábito útil en los negocios, es algo con lo que los mormones están muy familiarizados. Los mormones reciben muchos llamamientos diferentes en la Iglesia, durante los cuales deben trabajar y cooperar estrechamente con otros. Se les puede pedir que dirijan o que sigan direcciones, que enseñen o que aprendan. Los mormones creen que las personas no pueden liderar o enseñar bien a menos que ellos mismos puedan seguir, escuchar, y aprender. El trabajar “desde abajo” ayuda a los mormones a comprender como funcionan las cosas, que problemas anticipar, y como corregirlos.
  • La Ética del Trabajo Arduo
A los mormones se les enseña a trabajar arduamente desde la niñez. Muchos jardines y patios familiares están al cuidado de niños y jóvenes, en un inicio conjuntamente con sus padres, y tal vez después, especialmente en familias numerosas, solos. Ellos también realizan tareas domésticas tales como limpiar, cocinar, cocer, limpiar la nieve, y conservar alimentos. Se les anima a proporcionar un servicio similar para la familia extendida, vecinos y para la gente mayor. Con frecuencia, inician trabajos pagados a temprana edad, como el reparto de periódicos y cuidado de niños. De adultos, los mormones dan a sus empleadores más de lo que reciben por pago, por lo que resulta fácil entender que los mormones líderes de negocios poseen fuertes hábitos de trabajo y ética. Ellos no son de los que desperdician el tiempo o los recursos, ya que han aprendido en las muchas posiciones en la Iglesia y en sus familias a ser responsables en sus mayordomías y tareas familiares.
Se espera que los mormones presten mucho servicio en sus vidas, lo que se hace natural en ellos al tratar con los empleadores, usuarios, y vendedores. Aprenden del hecho que Cristo lavó los pies de Sus apóstoles que servir, aunque posiblemente sea mostrar humildad, no es denigrante, y que no es un ejemplo de debilidad sino de poder hacer la diferencia. Aprenden que la gente es siempre más importante que las cosas y que servirles es un privilegio y un reconocimiento de su infinito valor. Los SUD creen que servir es seguir el ejemplo de su Padre en los Cielos y de Cristo, los seres más poderosos que conocen.
Muchos hombres de negocios mormones señalan a la misión de la Iglesia en la que sirvieron como un campo de entrenamiento para sus vidas en los negocios. La mayoría ganan el dinero para cubrir sus gastos para su misión de dos años. Se trazan una meta clara y se comprometen, se dedican y determinan alcanzarla. La obra misional también desarrolla otras cualidades como la autodisciplina, persistencia, y paciencia. Conforme conocen gente y encuentras tropiezos y dificultades, rechazo y persecución, ellos aprenden a resolver los problemas sin vacilación trasponiendo los obstáculos que se les presenta. Se vuelven creativos, organizados y buenos con el tiempo, el dinero y con la gente. Aprenden a tener compasión y respeto por otras personas de diversos antecedentes y creencias y a servirles aunque no sean apreciados. También aprenden a tener auto-respeto ya que comprenden que ellos pueden realizar cambios positivos en las personas y en el mundo. Un efecto colateral de que los jóvenes mormones sirvan en una misión es que ellos aprenden a ser líderes. Las misiones se convierten en una escuela de acabado mormón, básicamente un curso en entrenamiento ejecutivo.

Haciendo Negocios

  • Trato a los Empleados
Todo lo que los mormones aprenden de ser miembros de la Iglesia es, o debería ser, llevado a ser parte de su vida de trabajo, y los SUD creen que no es más importante en ninguna otra parte, que en el trato que dan a sus empleados. Los mormones que conducen sus negocios a la manera mormona, son amigables, corteses y cordiales con sus empleados, no como una estrategia de negocio sino como un lazo sincero y de preocupación por la salud de sus empleados, su seguridad y su felicidad. Los hombres de negocio mormones están preocupados por las personas que lideran y se esfuerzan por llegar a conocerlos. Desarrollan un sistema de comunicación con sus empleados que los motiva, de tal manera que no solamente no tratan de imponer su autoridad sino que tampoco es necesario ya que sus empleados están cumpliendo todo lo que podrían desear. Ellos nunca ven a sus empleados como adversarios sino como socios que contribuyen con su talento y tiempo para el éxito del negocio y por lo tanto debían ser recompensados no solamente con el debido monto de dinero sino también con el debido reconocimiento y aprecio. Los hombres de negocio tratan a sus empleados tan igual como a ellos mismos, sin distinción de clase y no muestran favoritismo entre ellos. Un punto fuerte entre los hombres de negocios mormones es que ellos valoran la capacitación. Ellos saben que no pueden esperar algo de sus empleados si es que primero no se aseguran de que el empleado sepa lo que se espera de él y vean la manera de proveerle dicho conocimiento. Ellos nunca gritan, amenazan o abusan. Ellos valoran la dignidad de cada uno de sus empleados. Ellos también reconocen que el buen trato a sus empleados constituye un buen negocio, ya que ello motiva a sus empleados a ser leales, trabajadores y honestos y los ayudan a edificar sus negocios.
  • Trato a los Clientes
La manera en que los hombres de negocio mormones tratan a sus clientes coincide con la manera en que ellos tratan a sus empleados. En sus tratos con sus clientes, los mormones son también amables, educados, sinceros, honestos, consistentes, y preocupados por las personas. Sus clientes saben qué esperar de ellos, que son confiables y que cumplen con su palabra. Los mormones dan a sus clientes un buen servicio y agradecidos con el trato que ellos reciben en respuesta. Los hombres de negocio mormones respetan a sus clientes y, a su vez, sus clientes los respetan.
  • Accesibilidad
La humildad requerida de los creyentes religiosos sinceros se traslada al mundo de los negocios y al mundo académico. Los mormones que logran gran éxito en cualesquier área tienden a permanecer accesibles a empleados, compañeros, estudiantes, y con el público en general.

Resumen

En general, hacer negocios a la manera mormona es realmente seguir las normas y principios del evangelio. Las autoridades de la Iglesia requieren que todos los miembros, incluyendo a los hombres de negocios, sean honestos en sus tratos. Ellos aconsejan a los miembros que traten a los demás con justicia y amabilidad. Enfatizan que cualquier otra manera menos que ésa, no es la manera mormona de hacer negocios –ni de vivir.

Tomado de http://es.mormonwiki.com/Hacer_negocios_a_la_manera_mormona

Corregirlos y fijarles límites es quererlos

Un adolescente inmanejable es fruto de mala crianza. Es clave corregir con afecto, pero con firmeza.

En 1904 el psicólogo y pedagogo estadounidense Stanley Hall calificó la adolescencia como una época de cambios, de tensiones y de sufrimientos psicológicos, comparables a los de una gran tormenta.
Desde entonces, esta etapa de tránsito común a todas las personas no ha dejado de ser objeto de estudios y de interpretaciones que, en la gran mayoría de los casos, no solo profundizan en los conceptos de Hall, también excluyen al propio adolescente de los análisis.
En el otro extremo están las opiniones de la antropóloga Margaret Meat, que después de conducir un estudio en Samoa concluyó que en esa isla el paso por la adolescencia era una transición suave y carente de las angustias emocionales y psicológicas, la ansiedad y la confusión observadas en jóvenes de esas edades en Estados Unidos. Esto le imprimió un carácter cultural y antropológico a esta etapa de la vida. La pregunta que surge entre quienes se enfrentan a la crianza de un adolescente es, ¿cuál de estas dos posturas es la verdadera? ¿Es la adolescencia un mundo turbulento, plagado de drama e incomprensión, o un remanso de diálogo y tranquilidad? La respuesta es simple: las dos cosas.
"Quiere decir que si los adolescentes fluctúan entre esos extremos, es necesario que quien aborde el tema deje de hablar genéricamente de adolescencia y empiece a referirse a adolescente, específicamente como un sujeto de derechos", dice la psiquiatra Olga Albornoz, experta en niñez y adolescencia.
La recomendación cabe para los padres, los maestros y los cuidadores, pues, contrario a lo que muchos creen, aunque los adolescentes enfrentan dificultades, son pocos los que, según las estadísticas, se sitúan en el extremo de los conflictos.
La adolescencia, valga decirlo, está permeada por otra realidad: el estigma que ha caído sobre ella y la descalificación que culturalmente se hace de este proceso del desarrollo.
Aunque los adolescentes estén preparados física y psicológicamente para enfrentarse a muchas tareas, como la de asumir la ciudadanía, se les considera poco aptos para hacerlo. Por eso se ven obligados a vivir bajo la tutela de los papás, sujetos a las normas de un orden adulto que se niega a adoptarlos tal y como son.
A esto se suma la soledad en la que están la mayoría de los adolescentes, por la falta de tiempo de los padres: "Un refrán africano dice que 'se necesita una aldea para educar un niño', y la verdad es que hoy no tenemos ni siquiera a la familia para hacerlo", dice la psicóloga María Elena López.
¿En qué se falla? López insiste en que los papás no conocen bien a sus hijos, ni en su desarrollo evolutivo ni en su condición histórica, "culturalmente hablando, los niños y los adolescentes tampoco tienen referentes definidos sobre lo que está bien o lo que está mal".
Por eso no es extraño que ante la repentina imposición de controles y normas, reaccionen con rebeldía, que los papás califican como una etapa difícil, con la que hay que lidiar.
"Ese es el primer error", dice Albornoz, quien insiste en que el comportamiento adolescente no es más que la representación de lo que ha sido la etapa del aprendizaje infantil.
"En otras palabras, si en la niñez se construyen bases sólidas de independencia, de autonomía, de conceptos claros sobre sus responsabilidades y deberes, tolerancia y respeto por él mismo y por los demás, el adolescente estará más preparado para enfrentar los retos de esta etapa. Por eso hay que guiarlos, hay que orientarlos y ponerles límites", puntualiza.
 De acuerdo con la psiquiatra, con frecuencia las personas del entorno de un recién nacido o de un niño asumen que el mundo debe adaptarse a él y no al contrario, como debería ser: "Por eso, los papás acaban cediendo ante todo y hasta celebrando sus salidas en falso; a la larga esto convierte al niño en un 'sutil tirano', inmanejable en la adolescencia", dice Albornoz.
De acuerdo con Albornoz, "muchos papás fundan la crianza de sus hijos en teorías que oyen y a las que les dan todo el crédito; por ejemplo, confunden autoridad con maltrato y acaban pensando que corregirlos con firmeza y claridad es vulnerarlos, a grado tal que se sienten incapaces de decirles no. Eso es criar con susto".
Además, algunos son permisivos en exceso, a causa de culpas que sienten hacia sus hijos: "Aquellos que trabajan mucho y no les dedican tiempo suficiente, sienten la obligación de permitirles todo y de darles cuanto piden. El mensaje que los niños reciben es el equivocado", afirma.
Escuchar, acompañar, corregir
María Elena López afirma que si bien los papás quieren hacer lo mejor por sus hijos, con frecuencia no saben cómo. Por eso su primera recomendación a quienes tienen adolescentes es creer en su capacidad para criarlos y educarlos.
"Eso exige -afirma López- saber qué batallas dar y cuáles son las prioridades en la educación de sus hijos. También tener claridad sobre los estilos de disciplinar de cada cual, de tal manera que atiendan a la realidad de hoy. La idea es no quedarse en los que recibieron en el pasado".
La psicóloga es contraria a la idea de que no hay nada que hacer con un adolescente inmanejable, "los papás y los maestros tenemos más ascendencia sobre los jóvenes de lo que pensamos. Tenemos que tomar la decisión de ejercerla. Los jóvenes siempre serán susceptibles de hacer mejores vidas si los ayudamos, los acompañamos y les generamos las condiciones para que puedan lograrlo".
Algunos consejos * Dedíqueles tiempo: no hay excusas; ser papá entraña una responsabilidad enorme. Los hijos necesitan orientación, sobre todo en esta etapa.
* Mantenga una comunicación permanente: no le hable solo para castigarlo o para preguntarle en qué anda. Fíjese la tarea de interesarse por sus cosas y pregúntele, siempre que pueda, ¿cómo estás?
* Infórmese: entérese de los problemas comunes que afectan a jóvenes de la edad de su hijo; esto no solo permite estar atento a señales de alerta, sino que evita que usted deba invadir su privacidad.
* A una mala frase, sepa cómo reaccionar: no es raro que los adolescentes se muestren desafiantes. Si es grosero con usted, en tono serio y calmado, dígale: "No quiero que me hables así. Está bien que no estés de acuerdo conmigo, pero tendrás que decírmelo con respeto".
* No deje pasar, pero cuídese de los excesos: defina un sistema de recompensas y castigos. Si considera que su hijo necesita ser reprendido, hágalo de modo tal que esto le deje alguna lección. Por ejemplo, déle la oportunidad de corregir su error.
Por Carlos Francisco Fernández y Sonia Perilla

Articulo tomado de http://www.eltiempo.com/carrusel/corregirlos-y-fijarles-limites-es-quererlos_8342966-4

La mente adolescente, un espacio lleno de preguntas

Encontré este articulo en Eltiempo.com y creo que es importante compartirlo, escuchemos opiniones...

Esta etapa trae cambios físicos y psicológicos que generan en el joven contradicciones continuas.

Una de cada cinco personas en el mundo es adolescente, dicen los datos de la Organización Mundial de la Salud. Una persona de cada cinco tiene entre 11 y 19 años y atraviesa esta etapa definitiva que el diccionario define como "la edad que sucede a la niñez y que transcurre desde la pubertad hasta el completo desarrollo del organismo". Pero mucho sucede en ese periodo que va de una etapa a otra.
Transformación, preguntas, dudas. La adolescencia es un tiempo en el que todo se vuelca hacia el mundo interior, en busca de formar la identidad. En medio de los cambios físicos -las hormonas están en ebullición, el cuerpo es otro-, la mente también permanece en una especie de revolución. Al salir de este período, se entiende (o por lo menos eso establecen los especialistas) que se ha alcanzado la autonomía psicológica necesaria para vincularse al mundo social. Mientras esto llega, ellos se sienten incomprendidos, y los demás los ven como los rebeldes.
"Yo he llamado a los adolescentes de hoy la generación on-off, la que todo lo prende, la que todo lo apaga, y la que con esa misma rapidez quiere que ocurran las cosas -escribe la psicóloga chilena Pilar Sordo, en su libro No quiero crecer-. Son jóvenes impacientes, que tienen poca tolerancia a la frustración, escasa disciplina, son poco rigurosos y no funcionan sobre la base del rigor, fundamentalmente porque tienen padres que les han facilitado cada vez más las cosas; por lo tanto, ellos terminan careciendo de un temple firme y sólido. Son adolescentes con escasez de sueños". ¿Y dónde están las virtudes?, podría preguntarse cualquiera.
Todo esto se lee mucho mejor si se entiende que los adolescentes son el espejo de la sociedad en la que están creciendo, del medio social al que pertenecen. Un joven que crece hoy afronta dificultades similares a las que vivió un muchacho de hace treinta o cincuenta años, es cierto. Hay características de esta etapa que no van a desaparecer. Entre ellas, un sentimiento de soledad (que puede volverse recurrente y complicado) al enfocarse tanto en sí mismo; cierto tipo de egoísmo, por la misma razón; cambios en las relaciones con los padres, ante quienes impera una actitud de rebeldía y de protesta (en general frente a la autoridad), y una gran empatía e importancia de los pares, es decir, los amigos de la misma edad.
Según describió Ana Freud, la adolescencia es el momento de las contradicciones entre la introversión y la extroversión, la independencia y la dependencia, el fanatismo y la apatía. Otro experto en esta etapa, el psicoanalista Peter Blos, dijo en su libro La transición adolescente: "La creación de un conflicto entre las generaciones y su posterior resolución es la tarea normativa de la adolescencia. Su importancia para la continuidad cultural es evidente. Sin este conflicto no habría reestructuración psíquica adolescente, no habría crecimiento ni maduración".
Aunque hay ciertas características que se repiten de generación en generación, es claro que las condiciones del mundo moderno han hecho que los adolescentes se enfrenten a retos específicos. Sobre todo, los derivados de la tecnología, que tiene tanto de bueno como de riesgoso. Ya es una verdad repetida que los jóvenes de hoy están conectados con el mundo a veces de forma tan virtual, que les cuesta reconocer lo que es real, adolescentes acostumbrados a la velocidad del Internet.
Pilar Sordo también llama a los adolescentes de hoy, "generación banda ancha". "Es la que apunta a la rapidez con la que las cosas tienen que ser vividas, procesadas, cambiadas -escribe la psicóloga chilena-. Se dice que hay que cambiar de pareja rápidamente cuando se acaba una relación, que se tienen que procesar los dolores cuando se viven. (...) Muchos de los comportamientos de los adolescentes están basados en conductas más bien instintivas, "animalescas", ni siquiera emocionales, mucho menos espirituales o con algún sentido".
Los cambios en la estructura familiar han implicado también una modificación de conductas en los adolescentes. La brecha generacional entre padres e hijos, por ejemplo, se ha visto acortada, y esto ha tenido sus efectos. Para los adolescentes, ya no es tan clara esa imagen diferenciada del padre, la madre y, por ende, su autoridad. Hoy es frecuente encontrar inseguridad y dudas entre los padres a la hora de decidir cómo educar a sus hijos, y esto es absorbido por los jóvenes. Hoy, en cambio, no es frecuente compartir una mesa con los padres, conversar sobre algo en común, en familia, simplemente conversar. Están en las habitaciones, casi siempre cerradas y, como dice Sordo, si hay poco espacio en las casas entonces salen a las calles a educarse por sí solos y a correr riesgos en cualquier esquina.
Quizá porque les están llegando las responsabilidades más temprano, puede entenderse el dato que arrojó de un estudio sobre los adolescentes de hoy que los define como los menos rebeldes de la historia. La investigación fue hecha por la firma Lowe Council, titulada Window on teens (Ventana a la adolescencia) y reunió una muestra de jóvenes de veinte ciudades del mundo. Los resultados ratifican esa frontera cada vez menor entre padres e hijos (muchos padres, además, se aferran a seguir siendo adolescentes) y una visión menos rotunda de la rebeldía, precisamente porque no hay una autoridad determinada ante la cual rebelarse. Hay, sin embargo, un entendimiento del mundo que han tenido que vivir los padres; y contrario a lo imaginado, es una generación de adolescentes que cree en el romanticismo, en el amor, en tener hijos y formar familia.
"Hay adolescentes maravillosos, que son muchos, pero que se mantienen en silencio porque no son noticia, porque paradójicamente hacen las cosas bien", dice la autora de No quiero crecer. Y hay más adolescentes haciendo cosas buenas que malas, continúa Sordo. Y tiene razón. No todo va mal, entonces.
De 13 a 15 años "Terremoto", es la palabra que elige la psicóloga chilena Pilar Sordo para hablar de los jóvenes entre estas edades. Y lo explica por la movilización interna que viven. Por un lado, la sociedad empieza a exigirles cosas y, por otro, está en plena ebullición la búsqueda de identidad.
De 15 a 18, en busca de sueños Tienen cerca el desafío de ingresar a una carrera universitaria o técnica, con lo cual empiezan a encaminar su futuro. Más que presión de parte de los padres, necesitan calma y compañía para la toma de decisión del camino a tomar. El otro tema que es importante durante este periodo es la formación de la pareja.