Friday, November 12, 2010

Corregirlos y fijarles límites es quererlos

Un adolescente inmanejable es fruto de mala crianza. Es clave corregir con afecto, pero con firmeza.

En 1904 el psicólogo y pedagogo estadounidense Stanley Hall calificó la adolescencia como una época de cambios, de tensiones y de sufrimientos psicológicos, comparables a los de una gran tormenta.
Desde entonces, esta etapa de tránsito común a todas las personas no ha dejado de ser objeto de estudios y de interpretaciones que, en la gran mayoría de los casos, no solo profundizan en los conceptos de Hall, también excluyen al propio adolescente de los análisis.
En el otro extremo están las opiniones de la antropóloga Margaret Meat, que después de conducir un estudio en Samoa concluyó que en esa isla el paso por la adolescencia era una transición suave y carente de las angustias emocionales y psicológicas, la ansiedad y la confusión observadas en jóvenes de esas edades en Estados Unidos. Esto le imprimió un carácter cultural y antropológico a esta etapa de la vida. La pregunta que surge entre quienes se enfrentan a la crianza de un adolescente es, ¿cuál de estas dos posturas es la verdadera? ¿Es la adolescencia un mundo turbulento, plagado de drama e incomprensión, o un remanso de diálogo y tranquilidad? La respuesta es simple: las dos cosas.
"Quiere decir que si los adolescentes fluctúan entre esos extremos, es necesario que quien aborde el tema deje de hablar genéricamente de adolescencia y empiece a referirse a adolescente, específicamente como un sujeto de derechos", dice la psiquiatra Olga Albornoz, experta en niñez y adolescencia.
La recomendación cabe para los padres, los maestros y los cuidadores, pues, contrario a lo que muchos creen, aunque los adolescentes enfrentan dificultades, son pocos los que, según las estadísticas, se sitúan en el extremo de los conflictos.
La adolescencia, valga decirlo, está permeada por otra realidad: el estigma que ha caído sobre ella y la descalificación que culturalmente se hace de este proceso del desarrollo.
Aunque los adolescentes estén preparados física y psicológicamente para enfrentarse a muchas tareas, como la de asumir la ciudadanía, se les considera poco aptos para hacerlo. Por eso se ven obligados a vivir bajo la tutela de los papás, sujetos a las normas de un orden adulto que se niega a adoptarlos tal y como son.
A esto se suma la soledad en la que están la mayoría de los adolescentes, por la falta de tiempo de los padres: "Un refrán africano dice que 'se necesita una aldea para educar un niño', y la verdad es que hoy no tenemos ni siquiera a la familia para hacerlo", dice la psicóloga María Elena López.
¿En qué se falla? López insiste en que los papás no conocen bien a sus hijos, ni en su desarrollo evolutivo ni en su condición histórica, "culturalmente hablando, los niños y los adolescentes tampoco tienen referentes definidos sobre lo que está bien o lo que está mal".
Por eso no es extraño que ante la repentina imposición de controles y normas, reaccionen con rebeldía, que los papás califican como una etapa difícil, con la que hay que lidiar.
"Ese es el primer error", dice Albornoz, quien insiste en que el comportamiento adolescente no es más que la representación de lo que ha sido la etapa del aprendizaje infantil.
"En otras palabras, si en la niñez se construyen bases sólidas de independencia, de autonomía, de conceptos claros sobre sus responsabilidades y deberes, tolerancia y respeto por él mismo y por los demás, el adolescente estará más preparado para enfrentar los retos de esta etapa. Por eso hay que guiarlos, hay que orientarlos y ponerles límites", puntualiza.
 De acuerdo con la psiquiatra, con frecuencia las personas del entorno de un recién nacido o de un niño asumen que el mundo debe adaptarse a él y no al contrario, como debería ser: "Por eso, los papás acaban cediendo ante todo y hasta celebrando sus salidas en falso; a la larga esto convierte al niño en un 'sutil tirano', inmanejable en la adolescencia", dice Albornoz.
De acuerdo con Albornoz, "muchos papás fundan la crianza de sus hijos en teorías que oyen y a las que les dan todo el crédito; por ejemplo, confunden autoridad con maltrato y acaban pensando que corregirlos con firmeza y claridad es vulnerarlos, a grado tal que se sienten incapaces de decirles no. Eso es criar con susto".
Además, algunos son permisivos en exceso, a causa de culpas que sienten hacia sus hijos: "Aquellos que trabajan mucho y no les dedican tiempo suficiente, sienten la obligación de permitirles todo y de darles cuanto piden. El mensaje que los niños reciben es el equivocado", afirma.
Escuchar, acompañar, corregir
María Elena López afirma que si bien los papás quieren hacer lo mejor por sus hijos, con frecuencia no saben cómo. Por eso su primera recomendación a quienes tienen adolescentes es creer en su capacidad para criarlos y educarlos.
"Eso exige -afirma López- saber qué batallas dar y cuáles son las prioridades en la educación de sus hijos. También tener claridad sobre los estilos de disciplinar de cada cual, de tal manera que atiendan a la realidad de hoy. La idea es no quedarse en los que recibieron en el pasado".
La psicóloga es contraria a la idea de que no hay nada que hacer con un adolescente inmanejable, "los papás y los maestros tenemos más ascendencia sobre los jóvenes de lo que pensamos. Tenemos que tomar la decisión de ejercerla. Los jóvenes siempre serán susceptibles de hacer mejores vidas si los ayudamos, los acompañamos y les generamos las condiciones para que puedan lograrlo".
Algunos consejos * Dedíqueles tiempo: no hay excusas; ser papá entraña una responsabilidad enorme. Los hijos necesitan orientación, sobre todo en esta etapa.
* Mantenga una comunicación permanente: no le hable solo para castigarlo o para preguntarle en qué anda. Fíjese la tarea de interesarse por sus cosas y pregúntele, siempre que pueda, ¿cómo estás?
* Infórmese: entérese de los problemas comunes que afectan a jóvenes de la edad de su hijo; esto no solo permite estar atento a señales de alerta, sino que evita que usted deba invadir su privacidad.
* A una mala frase, sepa cómo reaccionar: no es raro que los adolescentes se muestren desafiantes. Si es grosero con usted, en tono serio y calmado, dígale: "No quiero que me hables así. Está bien que no estés de acuerdo conmigo, pero tendrás que decírmelo con respeto".
* No deje pasar, pero cuídese de los excesos: defina un sistema de recompensas y castigos. Si considera que su hijo necesita ser reprendido, hágalo de modo tal que esto le deje alguna lección. Por ejemplo, déle la oportunidad de corregir su error.
Por Carlos Francisco Fernández y Sonia Perilla

Articulo tomado de http://www.eltiempo.com/carrusel/corregirlos-y-fijarles-limites-es-quererlos_8342966-4

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